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2. GALICIA. LUCHA TITÁNICA CONTRA
LA LLUVIA
La
Voz de Galicia. Ed.GALICIA. 23/01/2003
Lucha titánica
contra la lluvia
Los miles de
adolescentes que se reunieron en la playa de Traba de Laxe juntaron
sus manos con una hora y cuarto de retraso
Pasadas las dos y
cuarto de la tarde los miles de adolescentes que estaban en la playa
de Traba de Laxe se daban la mano. La cadena humana se transformaba
en realidad una hora y cuarto después de lo previsto. Las sirenas
de los barcos que iban a anunciar el inicio no se oyeron en este
arenal de mar bravío. Todo había comenzado horas antes.
El día no se las prometía felices. La lluvia pertinaz no cesaba de
caer en la comarca de Bergantiños desde que asomó la primera luz
del alba. Temprano, a las nueve menos diez de la mañana, se
reunían en el instituto de Ponteceso los profesores y los alumnos
encargados de coordinar una parte de la zona 4. Su misión, después
de varios días de ensayos, parecía sencilla y no podían fallar.
Consistía en esperar a los autobuses que portaban a los alumnos de
institutos de otros puntos, montarse en ellos y hacer de guías
hasta el lugar de la cadena que les tocaba. Ellos no fallaron.
Rosario de autobuses
Desde las diez de la mañana esperaron bajo el diluvio a que
llegaran uno por uno los más de cien autocares que tenían
asignados. Sin embargo, los retrasos se empezaron a acumular.
Algunos vehículos no llegaban. «O importante é que non se perda
moito tempo en baixar ás praias», comentaba Luis Giadás, uno de
los profesores. De repente, a las once, la travesía se convirtió
en un auténtico rosario de autobuses. Los cicerones se subían a
velocidad de vértigo, pero el retraso comenzaba a pesar.
A las doce de la mañana, la playa de Traba estaba completamente
vacía. Marta, una profesora en Malpica, se afanaba en marcar con
una cinta los lugares donde se debían poner los participantes para
formar la palabra vida en el centro del arenal. Había dejado de
llover. Media hora más tardaron en llegar los primeros, miembros de
la Escuela de Imagen y Sonido de A Coruña y alumnos del Martín
Códax de Vigo. Al acercarse a los arenales recibían las
instrucciones desde un altavoz: «Respetar las dunas, su formación
ha sido centenaria y el efecto de miles personas pasando por ellas
puede ser devastador. No tiréis colillas, ni restos, ni arranquéis
ningún tipo de vegetación. En caso de encontraros con algo de
fuel, no lo toquéis».
Testigos mudos
Al fondo hileras ingentes de chicos en las que se oía al acompañar
de las pisadas canciones de Bustamente y La gallina turuleta
. Sobre las filas, cientos de autobuses aparcados en las laderas y
más allá, los penedos, testigos de miles de años y años, pero
que nunca recordaban un movimiento semejante. Concluyó sobre las
dos y media en la playa de Traba, justo cuando los más rezagados
llegaban al arenal y los primeros retornaban a su autobuses.
Gabriel Rivera (carballo) |